Hablo con una amiga sobre lo difícil que es convivir con dos idiomas cuando eres tan diferente en cada uno de ellos. Le cuento que, por una parte, está el postgrado que estudio, en inglés, y por otra parte está el resto de mi vida entera en español. Y cuando hablo de mi vida entera me refiero a la literatura y a mis conexiones emocionales. Ella, bromeando, dice que soy Oriette y Orietts. La frase me da no sólo para querer escribir sobre el tema, sino para analizar quién es Oriette y quién es Orietts. Orietts es alguien que a veces odio porque su pronunciación no es perfecta, es insegura y no habla mucho porque teme equivocarse. Pasa la mayor parte del tiempo en silencio y entiende sólo el 80% de sus lecturas de la universidad. Curiosamente, a veces lo importante está en el 20% que no entiende. Oriette, por otro lado, es esta que escribe. Sin duda alguna, es menos insegura y tiene un vocabulario un poco más respetable.
Hablar de mis nombres es también hablar de dos patrias, dos lenguas, dos formas de ver el mundo. Temo todo el tiempo de quién soy cuando no soy, de lo que no hago cuando estoy haciendo otra cosa, de mi déficit de atención. Me asusta mejorar un lado porque creo que eso puede implicar descuidar el otro. Libro, diariamente, una batalla por la vida en dos lenguas. A todos estos miedos se le agrega también un detalle importante: Donald Trump es ahora presidente de Estados Unidos. En diversas campañas manifestó que en Estados Unidos sólo debía hablarse inglés. Su guerra contra una lengua distinta comienza con la eliminación de la página en español de la Casa Blanca. Sin duda alguna, es algo que le coloca un cerco a la libertad de existir en este lenguaje. Si antes tenía miedo, ahora más.
Sobre el tema se ha escrito muchísimo. Hace unos días leí un artículo publicado en el blog de Eterna Cadencia donde citan algo que dijo Vladimir Nabokov: “Mi tragedia privada, que no puede ni debe, en verdad, interesar a nadie, es que tuve que abandonar mi idioma natural, mi libre, rica e infinitamente dócil lengua rusa por un inglés mediocre”. Esta cita forma parte del epílogo de su libro
Lolita, publicado por primera vez en el año 1955. La frase se ha repetido en mi mente como un loop interminable desde que la leí. Él habla de «tragedia privada» y de «abandono de la lengua». Cuando él lo escribió, las comunicaciones eran bastante limitadas. No existía tal cosa como el correo electrónico ni muchísimo menos se podía pensar en algo llamado «redes sociales», al menos no en un entorno digital. Esto quiere decir que vivir en otro país y, sobre todo vivir en un país de una lengua distinta a la tuya, era lanzarse a una piscina sin fondo. La experiencia del idioma era completa. No sólo tenías que aprender sí o sí, sino que mantenías escasa comunicación con familiares y amigos de tu propio país y lengua.
Paralelo a esto, leo un artículo académico de Todd Sandel donde se analizan distintas opiniones de un grupo de estudiantes de diferentes países que decidieron abandonar su país para estudiar. Encuentro algunos casos curiosos. Está, por un lado, el de una estudiante de China que siente que su aprendizaje del idioma se ha visto afectado por la incapacidad de hacer amigos estadounidenses, así que su día a día se basa en refugiarse en las redes sociales para hablar en chino con sus amigos y familiares. Por otro lado, está el caso de una estudiante de Estados Unidos que decide irse a Austria. Cuenta lo «sencillo» que fue para ella hacer amigos que hablaran alemán, lo cual le garantizó un aprendizaje del idioma mucho más completo y rápido. En cuanto a las redes sociales, mencionó usarlas poco, sólo para hacer ocasionales saludos. Varias cosas me resultan curiosas: la estudiante de China manifiesta que los jóvenes estadounidenses nunca tienen tiempo para nada, así que es difícil hacer amigos que hablen inglés, por lo que decide refugiarse en las redes sociales para hablar en chino. La estadounidense, por otro lado, puede aprender con mayor facilidad el alemán porque sí puede relacionarse fácilmente con los austríacos. Esto no quiere decir que las redes sociales sean culpables de algo. Me interesa, más bien, resaltar el poder de las redes sociales como refugio de una lengua, como lugar de encuentro con una casa materna lejana.

***

Soy de las personas que sienten mucha frustración cuando algo no sale bien. Y no sólo siento frustración, sino que suelo tirar todo por la borda. Si algo que escribo no me gusta, lo destruyo. Si alguien no me cae bien, lo ignoro por completo. Con el idioma me ha sucedido algo similar. Me cuesta mantener los dos mundos en entera armonía, y como estoy profundamente enamorada de la literatura y el español, siento que descuido el otro lado, el otro idioma, la patria prestada. Mi experiencia teniendo amigos estadounidenses tampoco ha sido satisfactoria, así que me sucede lo que le ocurrió a esa estudiante china: tengo una vida digital en español, me refugio en la literatura escrita en español y sigo escribiendo en español. En esta lengua, mi ansiedad y mi frustración cesan.
Hablando en español me siento en casa. Como dije anteriormente, pareciera que Orietts y Oriette tienen personalidades distintas y que cada una encuentra difícil la convivencia con la otra. Con el inglés siempre he sentido un caos imposible de describir. Puedo hablarlo, leerlo y escribirlo, pero me siento diferente. Agradezco las bondades del refugio digital, de los libros y de los vínculos que enriquecen. Ese drama del que hablaba Nabokov se convierte así, en riqueza. Sé que, si hubiese querido escribir esto en inglés, la precariedad de su vocabulario no sólo me hubiese hecho sonar repetitiva, sino que probablemente hubiese logrado un texto estructuralmente aburrido. El español es una forma de mirar. Y es, al menos ahora, la única forma que tengo para traducir el mundo.


Oriette D’Angelo (Caracas, Venezuela, 1990). Estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Editora y fundadora de la plataforma literaria www.digopalabratxt.com.  Autora del poemario Cardiopatías (Monte Ávila Editores, 2016; Premio para Obras de Autores Inéditos, 2014). Seleccionó y prologó la antología de poesía venezolana Amanecimos sobre la palabra (Team Poetero Ediciones, 2017). En 2015 obtuvo el segundo lugar en el I Concurso de Crónicas de la Fundación Seguros Caracas y en 2016 el tercer lugar en el Concurso Iberoamericano de Poesía “Letras de Libertad” de Un Mundo Sin Mordaza. Sus poemas aparecen en diversas antologías publicadas en Venezuela, Argentina, México y Ecuador. Administra el blog personal www.oriettedangelo.com. Actualmente estudia una maestría en Comunicaciones Digitales en DePaul University (Chicago).

Posted by:Oriette D'Angelo

Oriette D’Angelo (Caracas, 1990). Estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Editora y fundadora de la plataforma literaria Digo.palabra.txt (www.digopalabratxt.com) y del proyecto de investigación y difusión #PoetasVenezolanas. Autora del poemario Cardiopatías (MonteÁvila Editores, 2016; Premio para Obras de Autores Inéditos, 2014). Seleccionó y prologó la antología de poesía venezolana Amanecimos sobre la palabra (Team Poetero Ediciones, 2017). En 2015 obtuvo el segundo lugar en el I Concurso de Crónicas de la Fundación Seguros Caracas y en 2016 el tercer lugar en el Concurso Iberoamericano de Poesía "Letras de Libertad" de Un Mundo Sin Mordaza. Sus poemas aparecen en diversas antologías publicadas en Venezuela, Argentina, México y Ecuador. Administra el blog personal http://www.oriettedangelo.com. Actualmente estudia una maestría en Comunicaciones Digitales en DePaul University (Chicago).

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