Una mujer desconocida espera a Anais Nïm una mañana en la que el Nanankepichu flota en medio de una bruma callada y tranquila. La intercepta, le invita un café, Anaïs tiene un ocupado itinerario con sus amantes pero acepta porque, después de todo, a veces es necesario escuchar las preguntas de una extraña. Así transcurre la conversación.

Mujer: Coses el universo de tus hombres mientras deshilvanas las pieles que cubren tus ojos anfibios. Anaïs, ¿no crees que el amor sea una tela percudida de ensoñaciones que no descansan sino en la totalidad?

Anaïs: La totalidad no es posible porque yo sólo puedo ser total en relación conmigo misma. ¿Por qué la gente llama a la totalidad singularidad y exclusividad? Yo me siento completa mientras me reparto entre Henry y Gonzalo por razones bastante diferentes.

Mujer: ¿pero ellos piden exclusividad de ti?

Anaïs: Henry me toma febril y rápidamente, acuciado por los celos cuando estoy a punto de ver a otro hombre… Es como si quisiera que me encontrara con los demás hombres con el útero lleno de su esperma. He llevado su esperma a Hugh, a Rank, a Allendy, a Eduardo, a Turner y a muchos sitios. Por otro lado, tengo la sensación de que Gonzalo sería capaz de matar al hombre que se acercara a mí, que me amara. Creo que no olvida nunca que he sido una mujer con las piernas separadas y que he gritado voluptuosidad.

Mujer: Eres una cúpula empapada en mieles, estás en el centro, tu piel es la leche tibia de los sueños, ¿eso te hace feliz?

Anaïs: Solo conozco una receta para la felicidad: Tomar el esperma de tres hombres diferentes (lo más diferentes que sean posible), y mezclarlos en tu útero. Si la transfusión tiene lugar en el mismo día, la alquimia dará como resultado la perfección.

Mujer: ¿y qué hay de la alquimia que borbotea cuando el deseo se conjura con el amor?

Anaïs: El amor es eterno y yo voy de paso, impidiendo terremotos en todas partes, luchando contra la muerte. No dejaré que nada muera. El monstruo que mato todos los días es el monstruo del realismo. El monstruo que me ataca todos los días es la destrucción. Y de ese duelo surge la transformación. Una y otra vez convierto la destrucción en creación.

Mujer: entonces ¿amar es una rebelión contra la muerte? ¿de eso se trata?

Anaïs: Es que no puedo dejar que nada muera, no puedo soportar la separación, los finales, la muerte, el paso del amor… Si no me moviera y bailara entre ellos, los tres se convertirían en piedra, porque son pasivos. Anhelos, sufrimientos. Celos, aspiraciones, es el máximo de su actividad. Caerían dormidos si yo me detuviera. Henry, Gonzalo, Hugh. Una especie de muerte les acecha, una especie de quietud. Es solo mi baile, mi danza, la que los anima. Como una serpiente me deslizo fuera de la cama de Gonzalo. Me deslizo fuera de la cama de Henry.  Me deslizo fuera de la cama de Hugh.

Mujer: ¿en qué momento te descubriste sierva del amor?

Anaïs: Una vez me pareció que todo mi ser estaba tan despierto que sentía todos mis amores al mismo tiempo, y era insoportable. Tantos amores. ¿Qué soy? La Amante del Mundo. Loca de amor. Loca de amor. Todo mi cuerpo sufre el dolor de la separación, de la pérdida, del cambio.

Mujer: y aun así ¿no temes borrarte ante una conjugación tan desmesurada del dar?

Anaïs: Mi necesidad de dar ha sido un vicio, pero no del todo destructivo. Quizás yo me encuentre a mí misma mediante la disolución. Por mucho que dé, no me pierdo. Pero me he desperdiciado. Ahora bien, dar es amar: una necesidad

Mujer: Debes sentirte entonces como una diosa, como una curandera milenaria capaz de parir y amar a todas las cabezas de este mundo.

Anaïs: La sacralidad con la cual curo, la emoción que siento ante el milagro del hombre que nace una y otra vez, hace que tema despertarme en blanco, transparente, alejada para siempre de la sensualidad y la tierra.

Mujer: ¿Y esa exacerbada necesidad de dar no termina por agotarte?

Anaïs: Casi soy un objeto de culto. Yo necesito ser humana. Estoy cansada de imitar a Dios. Preferiría tener amigos.

Mujer: ¿Amar es siempre arder? La abundancia es capaz de desgajar la piel en jirones.

Anaïs: El erotismo me devora, mi hambre sensual palpita dentro de mí como un corazón independiente, el fuego entre las piernas encendido por Henry es inextinguible. Si no ardo, todo me es indiferente. Yo solo puedo reunir y completar la vida hasta que su demasía e intensidad se hacen insoportables y exploto histéricamente en mil fragmentos. ¡Demasiada vida! Mi alegría reside en la comunión. Solo creo en el fuego.

Mujer: Entonces quizás un día la piel, los ojos, el sexo, los sentidos se te desgasten, quizás tanta entrega termine por arrojarte sola a un cuarto vacío exento de sueños.

Anaïs: Estoy sola, insoportable, profundamente sola, sola en el horno del amor, pero la necesidad de dar ilusión es mayor que la necesidad de ser sincera conmigo misma, abiertamente.

Mujer: ¿La mentira está al servicio del amor?

Anaïs: Mentir es la única manera que he encontrado para ser sincera conmigo misma, para hacer lo que quiero, para ser lo que quiero haciendo el mínimo daño a los demás.

Mujer: ¿no será que todo se trata de una simple traición?

Anaïs: Pasar de un mundo a otro, dar a cada uno mi plenitud, ¿por qué se le llama a eso traición? Solo puedes traicionar lo que existe. Lo que hay en Gonzalo, o entre Gonzalo y yo, no lo traiciono. No doy a Henry los sentimientos que doy a Gonzalo, ni siquiera las mismas caricias. No me llevo nada de Henry porque aún soy leal con su creación, con su vida y porque estoy llena de amor y cuidados.

Mujer: ¿cómo es que aprendiste todo esto?

Anaïs: No lo aprendí, aún no he descubierto ¿en qué momento se hunde el cuchillo tan profundamente que la carne empieza a llorar de amor?

Mujer: cuando penetras tan intensamente a la muerte que la olvidas  y tu sexo se abre como una fruta hambrienta de eternidad y fuego.


Este es un ejercicio literario, una conversación imaginaria que construí a partir de algunas entradas de Diarios amorosos. Fuegos (1934-1937) de Anaïs Nin. 

Diana Moncada (Caracas, Venezuela, 1989). Poeta e jornalista cultural, prologuista do livro Al filo de Miyó Vestrini, do selo editorial independente, Letra Muerta. Colabora com a Revista Poesía da Universidade de Carabobo. Participou como pesquisadora do projeto Mostra de Valorização do Patrimônio Teatral Venezuelano. Tem trabalhado com jornalismo cultural em diversos veículos venezuelanos, como El Universal, Contrapunto e Correo del Orinoco, especialmente em matérias sobre literatura, artes visuais e artes cênicas.

Posted by:Diana Moncada

Poeta y periodista cultural (Caracas, Venezuela 1989). Autora del poemario Cuerpo crepuscular (2015) que resultó ganador del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila en el 2013. Prologuista del libro Al filo Entrevistas de Miyó Vestrini de la editorial independiente Letra Muerta. Columnista en la revista brasileña Philos y administradora del blog Pasajera en Trance en el portal La Mula. Su trabajo periodístico ha sido publicado en las secciones culturales de varios medios de comunicación venezolanos como El Universal y Contrapunto. Poemas suyos han aparecido en la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo, Revista Insilo, Círculo de poesía y otras publicaciones. Actualmente vive en Lima.

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