Entre 20 de setembro de 1912 e 16 de outubro de 1917 Franz Kafka escreveu mais de quinhentas cartas para sua amada Felice. Escritas na sua juventude, Cartas a Felice é um livro essencial para descobrir o mais íntimo do autor. «Ultimamente tenho notado com certo assombro a maneira com a qual você está intimamente ligada com o meu trabalho literário», escreve Kafka em uma dessas cartas, publicadas no livro de mesmo nome pela nossa parceira da Nórdica Libros (Catalunha) e que apresenta um recorte de sua vivência mais íntima, de sua casa e seu trabalho, sua família e, especialmente, das suas leituras.

E ninguém melhor que Elias Canetti, Prêmio Nobel de Literatura, para comentar as Cartas a Felice de Franz Kafka. Canetti, que assim como Kafka, descreveu magistralmente as funções do poder, nos oferece um lúcido ensaio em análises detalhadas do sofrimento do escritor durante os cinco anos de suas correspondências com Felice Bauer.

«… no puedo creer que exista un cuento de hadas
en el que se haya luchado por una mujer más
y con mayor desesperación de lo que en mi interior
se ha luchado por ti, desde el principio
y siempre de nuevo y tal vez para siempre».

Franz Kafka a Felice Bauer


 

A la señora Sophie Friedmann
[Membrete de la Compañía de Seguros
Contra Accidentes de Trabajo]

Querida señora:
Le quedo infinitamente agradecido por la delicadeza con que ha tocado usted este asunto, el cual parece estar ya perfectamente en regla. Su silencio a mi última carta, que, por otro lado, tampoco requería ninguna respuesta especial, supongo no debo interpretarlo como castigo a alguna estupidez que, por nerviosismo u otra razón cualquiera, hubiese podido adherirse a mis dos cartas. Pero usted ya sabe, querida señora, cuánto me hace padecer el no recibir respuestas, de modo que, con toda seguridad, hubiese preferido castigarme por una estupidez mediante una carta adecuada antes que mediante el silencio. Esta reflexión no me hace ahora tampoco abrigar la esperanza de una indefectible contestación suya, pero confío en que continuará mostrándose tan amable como lo ha sido al concederme su ayuda últimamente. Me gustaría dar las gracias también muy especialmente a su amable esposo, pero no lo hago, en primer lugar porque ello me resultaría algo violento, y en segundo lugar porque sé que se halla usted tan unida a su esposo que la gratitud a usted destinada recae, de modo inmediato, también sobre él.
Con mis más cordiales saludos.

Suyo. Dr. F. Kafka


A la señora Sophie Friedmann
[Membrete de la Compañía de Seguros
Contra Accidentes de Trabajo]

Querida señora:
La oficina no puede sino quedar relegada a segundo plano ante la importancia de esta carta, con la que respondo a la suya del 16, carta que, por ser usted quien la ha escrito, es gentil y buena y clara, como me esperaba que lo fuera, mientras que el pasaje citado sigue sin querer revelar su enigma ni a la décima lectura. O sea que, entonces, lo de «animada correspondencia» fue un comentario hecho por usted no solo a la ligera y sin pruebas, tal cual yo, para mi gran vergüenza, me figuraba, si bien es verdad que no lo confesaba en mi última carta, puesto que, de haberlo hecho, la carta se hubiese tornado superflua. Y esta «animada correspondencia» habría existido ya para el 3 o, lo más temprano, el 2 de octubre, es decir, en unos momentos en que mi segunda carta, la que quedó sin respuesta, la de mis desdichas, tenía por fuerza que haber llegado ya a Berlín. Ahora bien, ¿acaso estaría ya escrita la respuesta, puesto que el pasaje citado equivale a admitir el conocimiento de aquella carta? Pero las cartas en general, ¿es que se pierden, como no sea en la incierta espera de quien no encuentra ninguna otra explicación? Tiene que reconocer, querida señora, que tuve razón en escribirle a usted, y que se trata de un asunto que precisa en sumo grado de un ángel bueno. Mis más cordiales saludos para usted y su amable esposo.
Le queda agradecido,

Franz K.

Nascido no seio de uma família de comerciantes judeus, Frank Kafka cresceu num ambiente culturalmente plural na Alemanha e seguiu os estudos de Direito. Desde cedo começou a se interessar pelo misticismo e pelas religiões judias, que exerceram nele grande influência. Sua obra, que nos chegou contra a sua vontade expressa, pois ordenou ao seu íntimo amigo e conselheiro literário Max Brod que, após sua morte, queimasse todos os seus manuscritos; constitui uma das grandes óperas da literatura alemã e fez com que Kafka se tornasse um dos mais influentes e inovadores escritores do século XX. Entre 1913 e 1919 Franz Kafka escreveu as obras O processo, A metamorfose e O fogueiro.

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Publicado por:Jorge Pereira

Recifense, produtor cultural, editor-chefe da Revista Philos e criador da Casa Philos.